Avina
Mensaje del Presidente

Al reflexionar sobre los acontecimientos del pasado año, el 2010, me resulta difícil considerarlos sin ser influenciado por las movilizaciones populares que, desde los dos primeros meses de 2011, se vienen desarrollando en el Norte de África. Aunque es demasiado temprano para predecir cual será el rumbo definitivo de esa ola, creo que desde ya ponen claramente en evidencia la sed de participación activa de los ciudadanos en las decisiones que afectan el futuro de sus comunidades y países.

 

Afortunadamente, en la mayor parte de América Latina muchas de las estructuras democráticas básicas ya existen, y los acontecimientos de 2010 evidencian su arraigo. En Colombia y Brasil, dos presidentes con gran aceptación popular, cedieron el poder respetando los límites establecidos constitucionalmente y permitiendo que dos nuevos líderes asumieran la presidencia. Pudimos también observar en ambos países el surgimiento de nuevas y fuertes candidaturas  alternas, capaces de caldear la imaginación juvenil e influir sobre el discurso electoral. Como continuación de una alentadora tendencia regional, en Costa Rica y Brasil dos damas asumieron el mando de sus respectivos países. En Chile, el poder pasó de un partido a otro con la consistencia institucional de una democracia madura. A pesar de que permanecen importantes retos y excepciones por afrontar, en general América Latina ha optado por la democracia representativa y el estado de derecho, un modelo que otras regiones en desarrollo demandan cada vez con mayor insistencia.

 

Si bien las tendencias nacionales indican el avance de la gobernabilidad democrática en buena parte de América Latina, las estructuras globales de gobernabilidad se muestran siempre más inadecuadas frente al peso de las urgentes demandas de nuestro tiempo. Los mecanismos internacionales que tenemos a nuestra disposición resultan lastimosamente insuficientes, ya sea en el momento de ponernos de acuerdo sobre los elementos de una reforma financiera a escala mundial, sobre la forma de equilibrar los desbalances comerciales, afrontar la escasez de recursos o el cambio climático. Esto no es ninguna novedad y pese a la frustración que se genera en los encuentros internacionales, no se vislumbran soluciones precisas. El desafío no parece ubicarse solamente en cuestiones de estructura, sino también en los conceptos mismos que pretenden servir de criterio de referencia e instrumentos para medir los resultados.

 

Cada vez más se comprueba que el Producto Nacional Bruto como medida del crecimiento económico es un indicador imperfecto del bienestar humano y que la rentabilidad a corto plazo es una medida incompleta de los resultados logrados. Además, la competitividad, para que sea sostenible, necesita incorporar muchos factores sociales y ambientales en el proceso mismo de creación de valor. La necesidad de reinventar el capitalismo se ha convertido en un lema para los mismos capitalistas. ¿Cómo podemos enriquecer el concepto de competitividad de manera a tomar en cuenta todas las dimensiones significativas? Un desempeño auténticamente exitoso no debería conducir a un colapso, sino a una sociedad más estable, inclusiva y sostenible. Y la búsqueda de respuestas convincentes,  aunque a veces con demasiada lentitud, ya ha comenzado.

 

Al observar a  América Latina, AVINA ve claras evidencias de que la clave para el desarrollo y competitividad gira en torno a los principios de sostenibilidad. Esto ocurre a todos los niveles, desde lo local hasta lo nacional y regional. Permítanme ilustrarlo con tres ejemplos de nuestras actividades del pasado año.

 

Una de las experiencias más conmovedoras, pero al final más satisfactorias para  AVINA en 2010, fue nuestro trabajo en la reconstrucción de las comunidades locales de Chile devastadas por el terremoto de 8,8 grados que asoló al país el 27 de febrero. Cientos de personas murieron, miles resultaron heridas y cientos de miles perdieron sus hogares. Tan solo en las primeras 48 horas que siguieron el sismo, el equipo de AVINA en Chile se organizó internamente y con nuestros aliados en función de la emergencia. ¿Cómo podía nuestra extensa red de socios y relaciones empresariales, líderes políticos y de la sociedad civil presentarse como un activo para aliviar un desastre de tales proporciones? La respuesta: usar aquellas conexiones que en AVINA se conocen como “capital social”, para organizarse rápida e inteligentemente alrededor de objetivos de inmediato, mediano y largo plazo que dieran como resultado comunidades más sostenibles. En el término de una semana, AVINA comenzó a formar una coalición con otras organizaciones para responder a las comunidades afectadas, mientras que al mismo tiempo, instaba al gobierno chileno a fortalecer el capital social en su respuesta a la emergencia. En el presente Informe Anual podrá encontrar los detalles de este esfuerzo colectivo. Lo esencial aquí es que la coalición buscaba dejar mucho más que los 1476 refugios temporales en los 12 municipios donde trabajaba: buscaba al mismo tiempo crear el mayor número posible de empleos, infundir vitalidad económica e involucrar a la comunidad.

 

A escala nacional, podemos considerar el caso de Brasil. En 2010, Brasil sorprendió a los asistentes a la COP16 de Cancún al anunciar metas unilaterales para la reducción de las emisiones de carbono en toda la actividad económica para el 2020. Este es uno de los países emergentes (Grupo BRIC) que creció a un ritmo del 7,5% en 2010, y que hubiera podido apostar todas sus fichas a un modelo convencional de desarrollo. Aunque el cambio climático como tema fundamental sigue pareciendo políticamente poco atractivo a los ojos de Estados Unidos, el país históricamente más responsable de las emisiones de carbono, Brasil puso límites a dichas emisiones como parte de la modernización de su economía y de su objetivo de convertirse en un país competitivo. ¿Cómo pudo Brasil encontrar el consenso interno necesario para alcanzar un logro tan audaz? Con la participación de una compleja red de organizaciones de la sociedad civil, del sector empresarial y del mismo gobierno se establecieron coaliciones que consiguieron superar un simple conjunto de intereses particulares. En este Informe Anual encontrarán algunos ejemplos detallados de esta acción coordinada, donde se muestra cómo las alianzas multisectoriales pueden trabajar con el gobierno para producir una visión sostenible con miras al futuro, y de cómo su dinamismo proporciona un índice más amplio de competitividad.

 

Volviendo al encuentro de Cancún, la COP16, podemos también citar un ejemplo regional. Si bien AVINA no participó directamente en las negociaciones de la COP, aprovechamos la presencia en América Latina de líderes e instituciones internacionales para organizar una serie de eventos y seminarios diseñados para aumentar la visibilidad y la voz de nuestra región en un marco internacional (más información aquí). Debido a la riqueza de sus recursos tales como agua dulce, suelos fértiles, bosques vírgenes y biodiversidad, América Latina tiene el potencial para construir una economía regional que preserve esos inestimables activos mientras genera una mejor calidad de vida y oportunidades para su población. Si surgiera una arquitectura global alrededor del cambio climático, ¿proporcionará ésta los incentivos para que los países latinoamericanos se desarrollen en forma sostenible, donde la conservación constituya una ventaja competitiva? AVINA invitó a muchos de sus amigos y aliados a debatir sobre éste y otros asuntos clave en Cancún, y en las páginas siguientes de este informe Anual encontrarán detalles adicionales. Sobra decir que AVINA espera ver más fórmulas como el Fundo Amazônia y el Fondo Yasuní-ITT, iniciativas innovadoras que comienzan a atribuir valor a la preservación de los recursos naturales.

 

Como podrán ver en este Informe Anual, 2010 fue otro año sumamente intenso para AVINA, y nos sentimos fortalecidos por lo que hemos aprendido y logrado con nuestros aliados. Quisiera reconocer al equipo de AVINA por su constante innovación, su dedicación a nuestra misión y su compromiso con la excelencia. Nuestro profundo agradecimiento va dirigido hacia nuestro Consejo Directivo, a VIVA Trust, y a nuestro fundador, Stephan Schmidheiny, por su constante guía y apoyo. Y deseo expresar muy especialmente mi gratitud a todos los líderes y organizaciones de América Latina y otras regiones con los que trabajamos y a quienes llamamos nuestros aliados. La razón de la existencia de AVINA son ellos y las causas que compartimos. Para nosotros, nuestro éxito se mide por nuestra contribución al éxito de todos ellos. Esperamos seguir colaborando unidos entre todos para enfrentar los retos del futuro.

 

Brizio Biondi-Morra

Presidente